miércoles, 12 de marzo de 2014

Unos ojos de horizonte

Hoy soñé con ella; no creo que haya sido casualidad. La vi tan nítida y la escuché como ella no lo habría hecho. Me decía “Vení, sentate, Camilita.” Me acuerdo de ese apodo porque en el sueño me puse a pensar si alguna vez me había dicho así. Y eso me llevó a la realidad y me dije, mirándola, que no podía ser, que ella ya no estaba, que no era de verdad. Mientras, me miraba con esos ojos cálidos y esa sonrisa profunda, con su cara un poco inclinada para abajo y hacia un costado (¿entienden cómo?). Y se me ocurrió que ese instante, esa mirada pícara y cómplice era tal vez el momento más perfecto y el más precioso recuerdo. En silencio, sí. Pero gritando caricias y vociferando abrazos. Y hoy vino nuevamente a mi cabeza, pasados dos meses, a recordarme lo mucho que la extraño y lo bien que hago en extrañarla.


Cami


unos ojos de horizonte
se cerraron a esta vida
¿pero cómo uno se olvida
tal infalible mirada?
apenas el libro se abra
parpadea un siga, siga
las pasiones que son grandes
se convierten en estrellas
y brillando como ellas
así, colgadas del cielo
marcan el rumbo del vuelo
como quien sigue una huella
                          Brancaleone