Hoy soñé con ella; no
creo que haya sido casualidad. La vi tan nítida y la escuché como ella no lo
habría hecho. Me decía “Vení, sentate, Camilita.” Me acuerdo de ese apodo
porque en el sueño me puse a pensar si alguna vez me había dicho así. Y eso me
llevó a la realidad y me dije, mirándola, que no podía ser, que ella ya no estaba,
que no era de verdad. Mientras, me miraba con esos ojos cálidos y esa
sonrisa profunda, con su cara un poco inclinada para abajo y hacia un costado (¿entienden
cómo?). Y se me ocurrió que ese instante, esa mirada pícara y cómplice era tal
vez el momento más perfecto y el más precioso recuerdo. En silencio, sí. Pero
gritando caricias y vociferando abrazos. Y hoy vino nuevamente a mi cabeza,
pasados dos meses, a recordarme lo mucho que la extraño y lo bien que hago en
extrañarla.
Cami
unos ojos de horizonte
se cerraron a esta vida
¿pero cómo uno se olvida
tal infalible mirada?
apenas el libro se abra
parpadea un siga, siga
las pasiones que son grandes
se convierten en estrellas
y brillando como ellas
así, colgadas del cielo
marcan el rumbo del vuelo
como quien sigue una huella
se cerraron a esta vida
¿pero cómo uno se olvida
tal infalible mirada?
apenas el libro se abra
parpadea un siga, siga
las pasiones que son grandes
se convierten en estrellas
y brillando como ellas
así, colgadas del cielo
marcan el rumbo del vuelo
como quien sigue una huella
Brancaleone