lunes, 23 de julio de 2012

Banfield

En las buenas, sí. En las malas, también. Sos mi fantasía más real, que me hace bien y me hace mal, que me despierta pasiones, alegrías, broncas y algún dolor. Pero por sobre todo sos mi identidad, mi barrio, mi gente. Sos mi costumbre de unos pocos, esa que nos hace sentir parte de una élite de apasionados. Los niños, los señores, los ancianos. Nosotros, ustedes, ellos. 
Porque no hay momento más grande que cuando se asoma un atisbo del pasto verde, el corazón late fuerte, la boca sonríe, las manos golpean y brota un canto de mi boca: "Banfield, mi buen amigo...". Porque no hay como encontrar un hincha inesperadamente y abrazarlo, como si fuera un hermano, al que le corren los mismos colores por la sangre. Algo que muchos jamás entenderán. Porque no hay como salir en familia, caminar a la cancha, sentirte en tu hogar. No hay como saber que vos y yo somos del mismo palo.
Vamos Banfield, ¡vamo' arriba, che! que el barrio y tu gente te necesitan de pie. El club tiene que volver a la excelencia, al modelo de club ordenado y tranquilo, convertirse en un formador de pibes, que el día de mañana sigan amando y cuidando al club, sigan en él o no. Así, el fútbol va a volver a la primera por naturaleza. Hay cosas que nunca debió haber perdido, pero ya que llegamos acá, vamos a remarla todos juntos.


El club es de los socios

Clari dice chau

Lejos

Escribe, porque es
más fácil que vivir
Sueña, porque sus sueños
son mejores que su realidad.
Se pierde, porque perdida
es mucho más feliz
Levanta los pies del suelo,
porque entonces puede creer
en todo lo que la hace respirar.
Ríe, porque en su risa
se esconde todo el dolor
que alguna vez pudo sentir
Se refugia en otro mundo
mucho más allá de la razón
donde su alma es libre
y ella es puro corazón.




Clari escribe.


Publicado en http://camiyclariescriben.blogspot.com.ar el 30/08/2011

Caminos

A veces la vida pasa sin que nos demos cuenta. A veces la vida se nos va de las manos y todo fluye. A veces nos gusta. A veces no tanto.
A veces pienso que es mejor así, dejar que el tiempo pase, dejar que todo siga su rumbo, su camino. Sin pensar demasiado. Pero últimamente me estoy dando cuenta de que está mejor disfrutar cada minuto, vivirlo con ganas, con pasión, aunque no sea más que una caminata, aunque sea estudiar o trabajar. En la vida todo tiene un sabor especial, y creo que debemos saber disfrutarlo,
No dilatemos. Disfrutemos. La vida hay que vivirla a cada instante, si no, aparecemos en otro momento y lugar, sin tener idea de cómo llegamos hasta allí.
Por mucho que cueste hay que tomar decisiones a cada paso, y así podremos estar seguros de que hicimos nuestra vida, de que no nos llevaron por un sendero que no elegimos al 100%, porque, al fin y al cabo, no decidir es una decisión, ver cómo la vida nos lleva es una elección.


Clari escribe




Caminante, son tus huellas

el camino y nada más;
Caminante, no hay camino,
se hace camino al andar.
Al andar se hace el camino,
y al volver la vista atrás
se ve la senda que nunca
se ha de volver a pisar.
Caminante no hay camino
sino estelas en la mar.
Antonio  Machado



Publicado en http://camiyclariescriben.blogspot.com el 28/11/2011

domingo, 22 de julio de 2012

Amores de hace tiempo

Qué el tiempo no separe lo que la sangre unió
Qué la vida nos reúna
Qué las distancias se acerquen cada día un poco más
Qué en mi memoria vivan siempre los asados, el mate y el licor
Qué nunca se corte este esplendor
Qué siga estando cuando me necesités
Nunca estuve, y nunca quiero estar,
separada de ustedes un tiempo y algo más
Qué sigamos durmiendo en pisos de cualquier lugar
Qué sigamos viajando un día o tal vez más
Qué nos encontremos al abrigo otra vez de aquel fogón
Qué el canto no se apague
Qué haya siempre una reunión
Qué su voz eternamente repare el dolor de cualquier mal
Qué nunca, pero qué nunca me falten...


Clari nunca les va a decir Chau, porque esta banda loca a la que llaman familia está marcada a fuego en el corazón.

lunes, 16 de julio de 2012

24J


  Agarró su buzo y se lo colgó de los hombros. Levantó su mirada desconcertada una vez más y solo pudo ver confusos monigotes verdes, negros, blancos, que se calcaban en sus llorosos ojos y caían al vacío deslizándose tímidamente. En ese momento su imagen se asemejaba a aquéllas de las banderas, con sus manos en la cintura, su camiseta número diez, y sus alas a los costados. Solo que esta vez expresaba únicamente desconsuelo. Nadie se lo explicaba. Ni los gritos desaforados, ni los llantos desconsolados, ni los ancianos recordando otras épocas, ni los pelados analizando, ni los bigotudos insultando. Ni su caminar pesado, preocupado, ni su mirada fija en sus pies, ni las piedras que estallaban contra los portones de chapa, ni las balas de goma que volaban por el aire, y rebotaban en los cuerpos desquiciados. Los padres con sus hijitos a upa, los hombres con sus mujeres bajo sus brazos tampoco se lo explicaban. Ni los políticos, que seguramente no estaban allí, ni los jugadores, ni la lógica. El periodismo tampoco: nadie habló de Banfield. ¿Recuerdan que existe un barrio, allí en el sur de la Provincia de Buenos Aires? ¿Recuerdan que hace poco más de dos años se había consagrado campeón? 

  Él ya había vivido otros descensos, pero nunca una humillación parecida. Silencioso, ese día se había sentado en la popular, ahí cerquita del arco, donde a él le gustaba estar. No quería hablar con nadie, de hecho no se lo permitían, pero se conformó con escuchar un par de veces su nombre pronunciarse como una oración, un grito que nacía de las raíces del estadio, de esas almas que no creían lo que estaban viviendo: Juugadores, poonga huevo, quee Garrafa alienta desdel cielo. Sus ojos destilaron abrazos y recuerdos al oír esa canción y no pudo evitar sonrojarse. Pero cuando agarró su buzo y se lo colgó de los hombros, comenzó a pensar adónde había llegado el club que tantas alegrías le había dado. Y no entendía cómo el dinero podía más que una gambeta. Y no se figuraba cómo la desunión se había trasladado al campo de juego.

  Llegó hasta la plaza, esa que llevaba su nombre; tan largo que resultaba simpático: El Taladro José Luis ‘Garrafa’ Sánchez. Ésta también estaba minada de desesperanzas e ilusiones partidas. Los papelitos eran los únicos que dibujaban en el piso una caduca sonrisa. Entonces se sentó en un banco a esperar, a esperar que se le pasara la tristeza, que sus lágrimas no empañaran el aire, a esperar que pasara el tiempo y llegara la hora de volver. Pero primero agarró una bandera verde y blanca para hacerle honor a la canción y seguir alentando desde el cielo.

Cami dice chau (pero espera volver pronto)

sábado, 14 de julio de 2012

Juguemos

Se me oprime el pecho
y se me ocurre pensar,
por qué la vida fue tan cruel.
Que te fuiste y te extraño más,
cada día más.
Y si será que el tiempo
cura las heridas
porque esta sangra aun más.
Déjeme decirle, señor,
que el tiempo pasa,
pero siento hoy como ayer
que necesito ese abracito
sólo por hoy,
sólo por ayer,
sólo por mañana,
sólo por siempre.
Tal vez no lloré suficiente,
pero las lágrimas no alcanzaron
para un ratito más.
Extraño.
Lloro.
Pienso.
Juguemos.

Clari no puede o quiere decir chau

viernes, 6 de julio de 2012

El analfabeto político


El peor analfabeto es el analfabeto político. 

No oye, no habla, no participa de los acontecimientos políticos.

No sabe que el costo de la vida, el precio del poroto, del pan, de la harina, del vestido, del zapato y de los remedios, dependen de decisiones políticas.

El analfabeto político es tan burro que se enorgullece y ensancha el pecho diciendo que odia la  política.

No sabe que de su ignorancia política nace la prostituta, el menor abandonado, y el peor de todos los bandidos: que es el político corrupto, mequetrefe y lacayo de las empresas nacionales y multinacionales.

Bertolt Brecht