A veces decir chau no es despedirse. Uno dice chau cuando se va. Uno muchas veces lo dice y no está pensando en que se está separando. En este tiempo histórico en el que estamos viviendo, muchas veces pese a que uno dice chau, sigue conectado, sigue en contacto. Uno se despide a sabiendas de que en cualquier momento puede restablecer el contacto. Pero a veces sí se despide. Se despide del otro. Sabiendo que quizá va a pasar mucho tiempo antes de poderse contactar otra vez. Pero es difícil imaginarse que cuando uno dice chau ese chau será definitivo. Las despedidas no suelen ser definitivas. Cuanto menos, siempre queda el recuerdo.
Creo que siempre estamos despidiéndonos de algunas cosas. Pero hay momentos en que las despedidas son más grandes. Creo que hoy es uno de esos momentos para Cami, y que por eso la definió tanto este título. Tal vez este no es tanto mi GRAN momento de despedidas, de toma de conciencia de que hay ciertas cosas que ya terminaron y que de ellas solo me queda el recuerdo y el aprendizaje para poder seguir creciendo en mi vida. Pero hace un par de años (en poquito van a hacer 3) me comprometí a acompañarla. Siempre. A aconsejarla, a apoyarla, a estar para ella cada vez que lo necesitara. Así que acá estoy. Le doy lo que tengo, le doy mi compañía para que transite este momento. Por supuesto, a mí también me incumbe este tema. La necesidad de decir chau a pequeñas cosas día a día, momento a momento es imperiosa. El nombre terminó de cerrarme cuando lo vi. Cuando dije: "Y bueno, digamos chau. Digamos chau y abramos los brazos a lo que venga, a todo aquello que vendrá, a todo eso que la vida nos tiene preparado".
Acá estoy. Para decir chau a lo que haya que decir chau y para recibir con el corazón abierto de par en par a todo aquello a lo que haya que darle la bienvenida.
Clari dice chau.
No hay comentarios:
Publicar un comentario