Cami dice chau
Esta es una guerra, una guerra a diario. Una guerra por el mundo, para el mundo, contra el mundo. Vistámonos de guerreros, o, mejor aún, de guerrilleros. Salgamos a pelear por lo que nos corresponde, por lo que es nuestro y nos robaron. Peleemos por nuestras mentes, peleemos por la libertad que tienen secuestrada ellos, a los que no les molesta dejarnos en la ruina con tal de satisfacer su ambicia.
viernes, 18 de mayo de 2012
Hola y Chau
Empezamos hoy una nueva batalla cibernética, y una nueva batalla de palabras. Nos cuesta (o nos aburre, o no sé qué pasa) mantener un mismo blog, pero supongamos que éste va a ser el definitivo. Y lo paradójico de la cuestión es que hoy estamos diciendo "hola" a "todosjuntosdiganchau". No crean que la elección de un nombre es tarea fácil. Muy por el contrario pasamos meses disconformes con nuestro anterior "camiyclariescriben". Demasiado lineal, demasiado explícito, demasiado poco utópico. Y me preguntarán qué tiene de utópico decir chau, de hecho yo misma me lo pregunto, y Clara tampoco veía en ese nombre la esencia de nuestras intenciones. Permítanme tratar de explicar -incluso a mí misma- por qué me atrajo esa frase. En primer lugar la escuché en una canción muy tierna y muy hermosa y súper recomendable cantada por Adrián Berra: "Golosinas". Habla de la transición de la niñez a la adultez y retoma elementos clave en la vida de los chicos que luego con el crecimiento se resignifican, y cobran un sentido tal vez más cotidiano. Pero estos momentos de cambio consisten justamente en despedir al anterior. Entonces se me ocurrió darle un sentido alternativo, que no se relaciona estrictamente ni con la canción ni con el crecimiento físico. Se trata más bien de un crecimiento espiritual. Hay muchas cosas que adquirimos y mamamos de la sociedad que no contribuyen a este crecimiento del que hablo, sino que tratan de estancarnos en el lugar, impedir que busquemos más allá, que nos cuestionemos, que dudemos. Nos dan respuestas, y eso frena nuestro crecimiento interior. Por eso propongo que recuperemos las raíces, recuperemos la inocencia, la espontaneidad, el 'instinto animal', volvamos a valorar lo más puro que muchas veces está subestimado, y de esa forma decirle chau a todo lo que nos nubla la vista, o nos la desvía del horizonte. Chau a las formalidades, al sentido común, a los prejuicios, a los juicios, a la 'buena presencia', a las publicidades y propagandas, a las carteras caras, a la bici con motor... Démosle un nuevo valor a todo aquello que nos da medios para conectarnos con nosotros mismos y nos permite fijar nuestra mirada y nuestro pensamiento en el horizonte. Ese horizonte en el que está la utopía. En palabras del gran Eduardo Galeano: "Me acerco dos pasos y ella se aleja dos pasos. Camino diez pasos, y el horizonte se desplaza diez pasos más allá. A pesar de que camine, no la alcanzaré nunca. ¿Para qué sirve la utopía? Sirve para esto: para caminar. La utopía sirve para caminar, pero hay otra utopía que es la del poder negativo que nos querría hacer vivir sin caminar, quizás se deba decir que dejaremos de morir y reanudaremos con fuerza el camino cuando renunciemos al poder...".
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