Puede resultar extraño, pero quien conserva la alegría incluso frente a los eventos más desafortunados, puede considerarse privilegiado. Y aquel que es capaz de transmitirla, se considera un revolucionario. Revolucionario que se subleva no solo contra una situación capaz de producirle tristeza. Se subleva contra todas las injusticias que se esconden detrás. Enfrentando con alegría un mal momento obliga a replantearse las raíces de esa situación y qué condiciones llevaron a que ocurriera. Ser feliz en momentos en los que se está sobrecargado de responsabilidades y de quehaceres cotidianos es igual de valorable, porque no se permite al tedio entrar en su vida, o incluso se lo acepta como parte de la vida, pero de todas formas se es feliz. Una sonrisa sincera, una carcajada, buena predisposición, son esenciales para encarar las injusticias que atraviesan el mundo. No se trata de ser feliz a pesar de ellas, sino de ser feliz para lidiar con ellas. Hablo de la alegría como impulsora de la voluntad.
Cami dice chau

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