Me pregunto por qué nunca me inspiraste. Quizás no necesitaba darte vida en una hoja y encerrarte. Tal vez te prefería real, incierto, impredecible. Te prefería puro. Te tenía en sábanas, perfumes, abrazos, miradas, charlas eternas. Nos vivíamos y nos explorábamos juntos. Mi palabra escrita habría sonado redundante, melosa, estúpida, porque el amor fluía de los poros.
Ahora tal vez necesite retenerte. Ahora, más incierto que nunca, te necesito con la claridad de mi caligrafía. Preciso entenderte, sentirte, ordenarte para que me ordenes.
Hoy me inspirás y es porque no te tengo. O te tengo a medias y necesito hacerte mío a mi manera. Y mis palabras lloran pasados pero revelan incertidumbres. Y mi tinta no tiembla al escribirlas.
Cami dice chau
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