domingo, 30 de septiembre de 2012

"No me es posible ni tan siquiera imaginar que pueda hacerse el amor más que volando" O.G


 Un abrazo como de horizonte, un poco lejano pero seguro. Y si es en el mar, se mezcla la salada humedad con un calorcito fugaz. Fugaz como el grito de placer que evocan los labios cálidos y húmedos de aquel sillón, que se filtran por los poros de las telas deshilachadas. No se ven más que un par de músicas con perfumes de velas gastadas, y la cortina que las baila con el viento. El solcito aparece de a poco en los párpados pero lejos de molestar, adormece. Y una cuna de piel reviste unas piernas que llegan hasta la coronilla, y no se mueven porque terminaron su baile majestuoso. Hacía tiempo que no se encontraban en ese living y se les notaba en los ojos y las mejillas coloradas. El humo de dulzura había quedado impregnado en las paredes y su locura había derivado en palabras existenciales. Toda la noche. Hasta que un almohadón se adueñó de los pensamientos ideales y atentó contra el paraíso terrenal. Volaron en la más incorpórea caricia, de esas prolongadas, de esas que erizan los sueños. Y si lo hubieran soñado, no se le habría parecido. 


Cami dice chau

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