viernes, 4 de abril de 2014

Adolecer

Taquicardia adolescente, como si hiciera falta decirlo. Me dolía lo desconocido, me dolía la pasión guardada. Dolía en el pecho y en la pelvis. Ardían los cachetes cuando se encendía de sonrisas y ardían del frío que hacía esa noche. Lo había practicado, me lo había imaginado, y había visto películas, y a pesar de eso no tenía la mínima expectativa de cómo debía ser. Sólo sabía que tenía que pasar ya. El corazón no aguantaba más de pellizcones y la panza de punzadas prometedoras. Cuesta explicar el dolor que sintió mi pecho cuando nos dimos un beso. Era puro tambor y pandereta, pero dolían los golpes. Dolía, sin saberlo todavía, el futuro por adelantado. Y dolió los meses que le siguieron. Pero esa noche de carnaval quedó en la memoria de pieles y de sonrisas, con la luna vigilando de incógnito y el viento empujándonos uno contra el otro.

                                                                                                                                          Cami

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