Taquicardia
adolescente, como si hiciera falta decirlo. Me dolía lo desconocido, me dolía
la pasión guardada. Dolía en el pecho y en la pelvis. Ardían los cachetes
cuando se encendía de sonrisas y ardían del frío que hacía esa noche. Lo había
practicado, me lo había imaginado, y había visto películas, y a pesar de eso no
tenía la mínima expectativa de cómo debía ser. Sólo sabía que tenía que pasar
ya. El corazón no aguantaba más de pellizcones y la panza de punzadas
prometedoras. Cuesta explicar el dolor que sintió mi pecho cuando nos dimos un
beso. Era puro tambor y pandereta, pero dolían los golpes. Dolía, sin saberlo
todavía, el futuro por adelantado. Y dolió los meses que le siguieron. Pero esa
noche de carnaval quedó en la memoria de pieles y de sonrisas, con la luna
vigilando de incógnito y el viento empujándonos uno contra el otro.
Cami
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