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¿Me vas a extrañar?
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Ya te extraño.
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Pero si todavía no me fui.
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No, pero la idea de que te vayas me hace extrañarte.
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Mirá que sos complicada, eh. Disfrutemos ahora.
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Yo disfruto ahora. Vos me preguntaste por el futuro, si te iba a extrañar.
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Pero era una pregunta de rutina, no sé. Los novios se hacen esas preguntas.
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Si yo soy complicada, vos sos muy básico, Julián.
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No, gorda, no me digas así. Vení, no te enojes. Dale, sigamos viendo la peli.
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No me gustó.
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¿Y por qué no me lo dijiste antes?
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Porque a vos sí te gustaba y no te la quería cortar.
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No seas tonta, amor. Vamos a dormir un rato.
Como en todas las peleas de
rutina, siempre gana la escena del sillón. La farsa de la siesta purgatoria,
que no llega siquiera a percibir la patadita dormitada. Al abrazo pensativo, lo
sigue la mano atrevida de quien se anima a hacer la primera jugada. Quizás
sufra un rechazo en un primer momento: una defensa atenta que no logra olvidar
el intercambio de palabras en el vestuario; pero que no va a poder con la
segunda, que la encuentra distraída y debilitada. Tal vez un poco encendida. El
desgaste de la pelea no tiene sentido. Baja la guardia y prende el amor. Enciende
los besos y apaga sus ganas de extrañarlo. Sólo en el sexo se vive el presente.
Satisfechos, Lara y Julián
se rinden en su despedida más belicosa. Ella sonríe, porque sabe que todas las
peleas de rutina terminan en empate.
todas las peleas de rutina terminan en empate", Gran verdad. Me da alegría volver a leer algo tuyo. Beso
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